Un gesto inadvertido muchas veces desencadena un terremoto
de sentimientos también inadvertidos.
Los colores desplegados sobre un lienzo. Lo pintado y lo escrito detienen un instante al caminante y azula el día
oscuro.
Pasé las noches de sábado en Nueva York porque aquellas esplendorosas y despampanantes fiestas de Gastby estaban tan vívidamente impresas en mi, que aún podía escuchar la música y la risa, débil pero incesante, desde su jardín, y los autos que llegaban salían de la explanada. Una noche oí un auto real vi sus luces detenerse ante las escalinatas, pero no averigüé quién era. Debió haber sido un último huésped que seguramente andaba en los confines de la tierra y no sabía que la fiesta habla terminado.
El gran Gatsby
F. Scott Fitzgerald
El gran Gatsby
F. Scott Fitzgerald
Agustín García Calvo

¡Cuántas cosas tendría que deciros,
si supiera quién hay tras de la puerta,
si pudiera contar lo que despierta
cada vez que se duermen mis sentidos!
Pero ya no me queda entre los giros
de los pasillos de esta vida muerta,
más que un polvillo de memoria incierta,
que no sé si en un soplo transmitiros.
Puede que alguno de vosotros sienta,
al oír lo que digo, que esa cuenta
ya la ha oído él sonar antaño.
Y tal es verdad. Yo aquí en la boca
siento que lo más mío me es extraño
y que en mí la razón se vuelve loca.
Agustín García Calvo es un gramático, poeta, dramaturgo, ensayista, traductor y filósofo español...
Turner
Cada mañana abría la ventana permitiendo que la luz entrara e irradiara la estancia. Apoyaba su espalda en la pared y dejaba que los rayos del sol iluminaran su cara durante unos minutos, luego respiraba profundamente y el frio de la calle se alojaba en sus pulmones. Nada era mejor que ese instante.
Luego, palpando la pared la luz desaparecía pausadamente.

vm
Luego, palpando la pared la luz desaparecía pausadamente.

vm
Yolanda
Venecia
Prefiero la luz de febrero cuando los rayos de sol palidecen los muros, ralentizan el tiempo y quiebran la piedra . Prefiero esa luz en el ocaso del día, en el relente del paseante doblando la esquina, en la mirada del otro que desaira la nuestra, en la mudez del vecino. Prefiero esa luz en tus ojos cuando miras Venecia.
vm
vm
Sylvia Plath

Espejo
Soy de plata y exacto.
No tengo ideas preconcebidas.
Lo que veo me lo trago inmediatamente . Así como es, por el amor o desagrado. -
No soy cruel, sólo veraz-
El ojo del pequeño dios, cuatro esquinas.
La mayoría de las veces medito en la pared opuesta. Es de color rosa, con manchas. He mirado por tanto tiempo . Creo que es una parte de mi corazón. Pero parpadea. Caras y oscuridad nos separan una y otra vez. Ahora soy un lago.
Una mujer se inclina sobre mí . Buscando mi alcance para lo que realmente es.
Luego se vuelve a los mentirosos, las velas o la luna. Veo su espalda, y reflejan fielmente. agitation. Ella me recompensa con lágrimas y con una agitación de las manos. Yo soy importante para ella.
Ella va y viene. Cada mañana es la cara que sustituye a la oscuridad. En mí ha ahogado a una niña, y en mí a una anciana . Se eleva hacia ella día tras día, como un pez terrible.
Donna Reed
Lido. Verano 2011
Dos horas después y dejando el libro sobre la mesita de café me levanté de la silla, la última silla de la hilera de ellas que cubría la acera frente al hotel.
Dejé también pasar la tarde y un billete de 1000 liras oculto bajo la factura que me entregó el camarero.
Todo, por un momento, pareció estar en orden.
Mientras me alejaba la inmensa arboleda del jardín iba ocultando a mi vista las filas de ventanas en el majestuoso hotel, finalmente desapareció.
Hasta pronto Aschenbach.

Hotel des Bains. Lido.
Verano 2011.
Dejé también pasar la tarde y un billete de 1000 liras oculto bajo la factura que me entregó el camarero.
Todo, por un momento, pareció estar en orden.
Mientras me alejaba la inmensa arboleda del jardín iba ocultando a mi vista las filas de ventanas en el majestuoso hotel, finalmente desapareció.
Hasta pronto Aschenbach.
Hotel des Bains. Lido.
Verano 2011.
Luna de papel
Es fría la luz de la memoria
lo apenas entrevisto brilla
con insistencia
gira buscando el casco de botella
o el charco de lluvia
tras cualquier puerta que se abre
está la luna
tan grande y plana
tan fuera de lugar
como si de un cuadro se tratara
óleo sobre papel
endurecido por el tiempo
así cayeron en la mente
formas y colores
casualidades
azar que anuda sombras
vuelcos en la negra marmita
donde a borbotones
se cuecen gozo y espanto
crece el yeso de un cielo
mil veces lastimado
mil veces blanqueado
se borra el mundo y se vuelve
a escribir
hasta el último aliento
sólo esto
eternidad aparente
mísera astilla de luz en
la entraña
del animal
que apenas estuvo
Blanca Varela
Cargando...
El tiempo me recuerda
Recordar no es siempre regresar a lo que ha sido.
En la memoria hay algas que arrastran extrañas maravillas;
objetos que no nos pertenecen o que nunca flotaron.
La luz que recorre los abismos
pero recuerdo como ocurrido ayer. ilumina años anteriores a mí, que no he vivido
Hacia mil novecientos
paseé por un parque que está en París -estaba-
envuelto por la bruma.
Mi traje tenía el mismo color de la niebla.
La luz era la misma de hoy
-setenta años después-
cuando la breve tormenta ha pasado
y a través de los cristales veo pasar la gente,
desde esta ventana tan cerca de las nubes.
En mis ojos parece llover
un tiempo que no es mío.
Julia Uceda
El agua ensimismada
Para Edison Simons
El agua ensimismada
piensa o sueña?
El árbol que se inclina buscando sus raíces,
el horizonte,
ese fuego intocado,
¿se piensan o se sueñan?
El mármol fue ave alguna vez;
el oro, llama;
el cristal, aire o lágrima.
¿Lloran su perdido aliento?
¿Acaso son memoria de sí mismos
y detenidos se contemplan ya para siempre?
Si tú te miras, ¿qué queda?
María Zambrano
1950. Roma (antes de abril) .
Albergo d'lnghilterra.
lo apenas entrevisto brilla
con insistencia
gira buscando el casco de botella
o el charco de lluvia
tras cualquier puerta que se abre
está la luna
tan grande y plana
tan fuera de lugar
como si de un cuadro se tratara
óleo sobre papel
endurecido por el tiempo
así cayeron en la mente
formas y colores
casualidades
azar que anuda sombras
vuelcos en la negra marmita
donde a borbotones
se cuecen gozo y espanto
crece el yeso de un cielo
mil veces lastimado
mil veces blanqueado
se borra el mundo y se vuelve
a escribir
hasta el último aliento
sólo esto
eternidad aparente
mísera astilla de luz en
la entraña
del animal
que apenas estuvo
Blanca Varela
Cargando...
El tiempo me recuerda
Recordar no es siempre regresar a lo que ha sido.
En la memoria hay algas que arrastran extrañas maravillas;
objetos que no nos pertenecen o que nunca flotaron.
La luz que recorre los abismos
pero recuerdo como ocurrido ayer. ilumina años anteriores a mí, que no he vivido
Hacia mil novecientos
paseé por un parque que está en París -estaba-
envuelto por la bruma.
Mi traje tenía el mismo color de la niebla.
La luz era la misma de hoy
-setenta años después-
cuando la breve tormenta ha pasado
y a través de los cristales veo pasar la gente,
desde esta ventana tan cerca de las nubes.
En mis ojos parece llover
un tiempo que no es mío.
Julia Uceda
El agua ensimismada
Para Edison Simons
El agua ensimismada
piensa o sueña?
El árbol que se inclina buscando sus raíces,
el horizonte,
ese fuego intocado,
¿se piensan o se sueñan?
El mármol fue ave alguna vez;
el oro, llama;
el cristal, aire o lágrima.
¿Lloran su perdido aliento?
¿Acaso son memoria de sí mismos
y detenidos se contemplan ya para siempre?
Si tú te miras, ¿qué queda?
María Zambrano
1950. Roma (antes de abril) .
Albergo d'lnghilterra.
Fin

El día que murió Bilbao llovía a cántaros. La noticia me llegó a través de una llamada telefónica y tras colgar no supe que hacer.
Aturdido pensé en la última conversación que tuve con ella.
Bilbao me aseguró que todo en este mundo sucedía como consecuencia y necesariamente por los acontecimientos pasados y presentes, estos, junto a la naturaleza, determinan nuestros actos, nuestra vida, nuestra muerte.
No pude encontrar una corbata negra en el armario, sin ella y refugiado bajo un paraguas esperé un taxi en la esquina.
Caras conocidas, tristes. Todos los actos humanos están establecidos, bajo sospecha, pensaría Bilbao.
Los valores humanos se ven en este trance, tamizados por el dolor. Necesario dolor.
Encontré a Talía apoyada en un rincón, nos miramos sin decir nada.
Cariacontecido me marché a casa.
Pobre Bilbao. Pensaría Bilbao.
vm
Pequeñas mentiras sin importancia.
La lluvia en Regents Park
Carlos Marzal. Poeta

Debe de estar lloviendo en Regent's Park.
Y una suave neblina hará que se extravíe
la hierba en el perfil del horizonte,
los robles a lo lejos, las flores, los arriates.
Pausada, compasiva, descenderá la lluvia
hoy sobre el corazón de la ciudad,
su angustia, su estruendo,
sobre el mínimo infierno inabarcable
de cada pobre diablo.
Igual que aquella tarde en la que fui feliz,
igual que aquella lluvia
que me purificó, caritativa.
En las horas peores,
cuando el desierto avanza,
y no hay robles, ni hay hierba, cuando pienso
que no saldré jamás del laberinto,
y siento el alma sucia,
y el cuerpo, que se arrastra,
cobarde, entre la biografía,
la lluvia, en el recuerdo, me limpia, me acaricia,
me vuelve a hacer aún digno,
aún merecedor
de algún día de gloria de la vida.
La amable, la misericordiosa,
la dulce lluvia inglesa.
De "Los países nocturnos" 1996
Carlos Marzal. Poeta

Debe de estar lloviendo en Regent's Park.
Y una suave neblina hará que se extravíe
la hierba en el perfil del horizonte,
los robles a lo lejos, las flores, los arriates.
Pausada, compasiva, descenderá la lluvia
hoy sobre el corazón de la ciudad,
su angustia, su estruendo,
sobre el mínimo infierno inabarcable
de cada pobre diablo.
Igual que aquella tarde en la que fui feliz,
igual que aquella lluvia
que me purificó, caritativa.
En las horas peores,
cuando el desierto avanza,
y no hay robles, ni hay hierba, cuando pienso
que no saldré jamás del laberinto,
y siento el alma sucia,
y el cuerpo, que se arrastra,
cobarde, entre la biografía,
la lluvia, en el recuerdo, me limpia, me acaricia,
me vuelve a hacer aún digno,
aún merecedor
de algún día de gloria de la vida.
La amable, la misericordiosa,
la dulce lluvia inglesa.
De "Los países nocturnos" 1996
María Isbert
Aquella noche.
El parpadeo de la bombilla que colgaba del techo resultaba incomodo para el sastre, sin embargo, la precisión con la que colocaba los alfileres bajo la manga de la chaqueta azul marino era sorprendente. Rafael observaba, curioso, las estanterías repletas de telas mientras respondía las preguntas del sastre, que sujetando un lápiz con la boca, interrogaba sobre la comodidad de la prenda a la vez que daba pequeños tirones a una de las mangas.
Un destartalado ventilador trataba de apaciguar, sin apenas éxito, el sofocante calor de la pequeña estancia mientras las gotas de sudor que surgían en la frente de Rafael se deslizaban hacia sus cejas, algunas de ellas, con un sutil quiebro, sorteaban la pequeña muralla de pelos y continuaban su camino atravesando las mejillas hasta morir inevitablemente en el cuello de la camisa.
El sastre, finalmente, y después de rogar a Rafael que girara sobre si mismo un par de veces exclamo:
.- “¡como un guante ... hemos terminado ¡”.
Rafael agradeció con una sonrisa el comentario. Pagó, se despidió del sastre y con la chaqueta protegida por un plástico salio a la calle, donde comprobó, casi con júbilo, que la temperatura de la sastrería nada tenia que ver con la realidad de aquel día lluvioso.
La Suite Real del hotel Ritz conservaba por la tarde el sosiego de la noche anterior.
Varios periódicos abiertos cubrían parte del sofá rojo que se encontraba en la lujosa y elegantemente decorada sala que había frente al dormitorio, incluso algunas hojas sueltas habían caído sobre la suntuosa alfombra, y allí permanecieron durante todo el día.
Sobre la mesita que separaba dos butacas de época había un par de cajetillas de tabaco y una botella de Jack Daniel's vacía y sin tapón.
Bárbara entró en la habitación y observó como su marido, frente a un gran espejo, terminaba de anudarse una pajarita negra de seda. Los armoniosos y acompasados movimientos de las manos del hombre parecían seguir el ritmo del clarinete de Benny Goodman que ambientaba toda la habitación.
Bárbara caminó hasta situarse a la derecha de su marido. La imagen de la pareja se reflejaba en el espejo, y hubiera parecido ser una pintura soportada por un majestuoso marco que colgaba desde el techo al suelo sino fuera por el movimiento de la punta del zapato de charol, que siguiendo el compás de la música, agitaba lentamente el hombre.
.- Estás estupendo, dijo Bárbara.
.- Tu también muñeca, contesto su esposo.
El lejano rumor, a medida que avanzaban por el pasillo, se convirtió en bullicio al llegar al ascensor.
Ya en la planta baja, custodiado por 4 personas, Bárbara y su esposo atravesaron el majestuoso hall mientras un hombrecillo con traje gris caminaba junto a ellos ajustando sus pasos a la marcha de la pareja.
Algunos fotógrafos, intentando capturar el momento, dispararon sus cámaras. Bárbara miró a su marido mientras este recorría con su mirada a fotógrafos y curiosos sonriendo con cierta complacencia. El hombrecillo del traje gris abrió la puerta trasera de un Mercedes y la pareja ocupó los asientos de piel marrón. Minutos después, con la caída de la tarde, el vehículo arrancó. En las aceras, una hilera de árboles verdes, como un ejército en formación, custodiaba el asfalto mojado que reflejaba las centelleantes luces de los coches.
El bullicio inicial en las puertas que daban acceso al recinto era enorme pero soportable para Rafael, que vestido con chaqueta azul marino, agarraba con la mano derecha el brazo de su acompañante, mientras que la izquierda, recelosa, aprisionaba entre sus dedos las entradas que había comprado semanas antes. Sólo tardaron unos minutos en pasar dentro del estadio y localizar, después de subir varias plantas, los asientos. Rafael miraba el reloj y miraba el pelo rubio que caía sobre los hombros de Elena, que sentada a su lado, miraba el formidable escenario lleno de instrumentos que comenzaba, sin especial orden, a iluminarse de colores, y mientras estos iban cambiando, una neblina, semejante a las que en las mañanas húmedas decoran los bosques, comenzaba a ocultar, como si de un efecto mágico se tratara, lo que allí había.
Los músicos de la orquesta abandonaron la sala, que separada por una gran cortina negra, había detrás del escenario. Restos de bocadillos, vasos y botellas medio vacías quedaron sobre varias mesas con manteles blancos, En una esquina, multitud de abrigos colgaban en varios percheros de pie, algunos de ellos, perdiendo el equlibrio habían quedando reclinados sobre la pared. En la otra esquina, Barbara, apoyando sus manos en el respaldo de una silla, y a través de unas enormes gafas doradas sonreía mirando a su esposo que esperaba una señal junto a la gran cortina negra.
En ese instante, desde su asiento, Rafael escucho gritos improvisados, aplausos y risas, vio luces fijas sobre un escenario humeante, luces centelleantes reflejadas sobre miles de personas que en pie celebraban, eufóricos, la presencia del hombre con pajarita negra. En el cielo, estrellas, y sobre todo esto, arropando la cálida noche, Rafael escucho la voz de Sinatra.
Un destartalado ventilador trataba de apaciguar, sin apenas éxito, el sofocante calor de la pequeña estancia mientras las gotas de sudor que surgían en la frente de Rafael se deslizaban hacia sus cejas, algunas de ellas, con un sutil quiebro, sorteaban la pequeña muralla de pelos y continuaban su camino atravesando las mejillas hasta morir inevitablemente en el cuello de la camisa.
El sastre, finalmente, y después de rogar a Rafael que girara sobre si mismo un par de veces exclamo:
.- “¡como un guante ... hemos terminado ¡”.
Rafael agradeció con una sonrisa el comentario. Pagó, se despidió del sastre y con la chaqueta protegida por un plástico salio a la calle, donde comprobó, casi con júbilo, que la temperatura de la sastrería nada tenia que ver con la realidad de aquel día lluvioso.
La Suite Real del hotel Ritz conservaba por la tarde el sosiego de la noche anterior.
Varios periódicos abiertos cubrían parte del sofá rojo que se encontraba en la lujosa y elegantemente decorada sala que había frente al dormitorio, incluso algunas hojas sueltas habían caído sobre la suntuosa alfombra, y allí permanecieron durante todo el día.
Sobre la mesita que separaba dos butacas de época había un par de cajetillas de tabaco y una botella de Jack Daniel's vacía y sin tapón.
Bárbara entró en la habitación y observó como su marido, frente a un gran espejo, terminaba de anudarse una pajarita negra de seda. Los armoniosos y acompasados movimientos de las manos del hombre parecían seguir el ritmo del clarinete de Benny Goodman que ambientaba toda la habitación.
Bárbara caminó hasta situarse a la derecha de su marido. La imagen de la pareja se reflejaba en el espejo, y hubiera parecido ser una pintura soportada por un majestuoso marco que colgaba desde el techo al suelo sino fuera por el movimiento de la punta del zapato de charol, que siguiendo el compás de la música, agitaba lentamente el hombre.
.- Estás estupendo, dijo Bárbara.
.- Tu también muñeca, contesto su esposo.
El lejano rumor, a medida que avanzaban por el pasillo, se convirtió en bullicio al llegar al ascensor.
Ya en la planta baja, custodiado por 4 personas, Bárbara y su esposo atravesaron el majestuoso hall mientras un hombrecillo con traje gris caminaba junto a ellos ajustando sus pasos a la marcha de la pareja.
Algunos fotógrafos, intentando capturar el momento, dispararon sus cámaras. Bárbara miró a su marido mientras este recorría con su mirada a fotógrafos y curiosos sonriendo con cierta complacencia. El hombrecillo del traje gris abrió la puerta trasera de un Mercedes y la pareja ocupó los asientos de piel marrón. Minutos después, con la caída de la tarde, el vehículo arrancó. En las aceras, una hilera de árboles verdes, como un ejército en formación, custodiaba el asfalto mojado que reflejaba las centelleantes luces de los coches.
El bullicio inicial en las puertas que daban acceso al recinto era enorme pero soportable para Rafael, que vestido con chaqueta azul marino, agarraba con la mano derecha el brazo de su acompañante, mientras que la izquierda, recelosa, aprisionaba entre sus dedos las entradas que había comprado semanas antes. Sólo tardaron unos minutos en pasar dentro del estadio y localizar, después de subir varias plantas, los asientos. Rafael miraba el reloj y miraba el pelo rubio que caía sobre los hombros de Elena, que sentada a su lado, miraba el formidable escenario lleno de instrumentos que comenzaba, sin especial orden, a iluminarse de colores, y mientras estos iban cambiando, una neblina, semejante a las que en las mañanas húmedas decoran los bosques, comenzaba a ocultar, como si de un efecto mágico se tratara, lo que allí había.
Los músicos de la orquesta abandonaron la sala, que separada por una gran cortina negra, había detrás del escenario. Restos de bocadillos, vasos y botellas medio vacías quedaron sobre varias mesas con manteles blancos, En una esquina, multitud de abrigos colgaban en varios percheros de pie, algunos de ellos, perdiendo el equlibrio habían quedando reclinados sobre la pared. En la otra esquina, Barbara, apoyando sus manos en el respaldo de una silla, y a través de unas enormes gafas doradas sonreía mirando a su esposo que esperaba una señal junto a la gran cortina negra.
En ese instante, desde su asiento, Rafael escucho gritos improvisados, aplausos y risas, vio luces fijas sobre un escenario humeante, luces centelleantes reflejadas sobre miles de personas que en pie celebraban, eufóricos, la presencia del hombre con pajarita negra. En el cielo, estrellas, y sobre todo esto, arropando la cálida noche, Rafael escucho la voz de Sinatra.
(vm)
.
.


Bailabas junto a mí canciones viejas,
antiguos éxitos de algún verano
que escucho por azar.
Para el recuerdo ningún guardián tan fiel como la música.
Yo era un niño asombrado por tu cuerpo,
pero llegó septiembre a separarnos.
Me abordaste de nuevo en la ciudad
más alta y maquillada, en sus rincones
perdimos la inocencia como un guante
lanzado con descaro a los demás.
Con el paso del tiempo representas
los cines de reestreno y la pasión.
No pudimos cumplir los veinte juntos.
Me tentaste después de otras maneras,
y tomabas las formas más extrañas.
Aprendí ciertos juegos a tu lado,
el frío que amenaza tras la fiesta,
y algunos trucos, casi siempre sucios,
para fingir calor antes del alba.
Empezaba a pensar que no existías.
Te acercaste de nuevo, por sorpresa,
en un pequeño bar de facultad,
nos amamos despacio y con asombro.
Estábamos cambiados y creí
que no te irías más de mi universo.
Hemos sido felices estos años.
Y ahora regresas otra vez,
hermosa, desconocida y joven como siempre,
tentando todavía al desaliento.
Regresas otra vez para que entienda que te he perdido ya,
que sigo solo.
Vicente Gallego.
Bird
Ven a llenar la copa, y en el fuego de la primavera deshazte del arrepentimiento del invierno. Al pájaro del tiempo ya le queda poco que revolotear y sin embargo sigue volando.
La Señora Parker empujó la puerta del cuarto de baño repetidas veces. Nada se oía tras ella.
Finalmente la madera del perfil que sujetaba la cerradura cedió y la puerta rasgó el aire hasta dar con el cuerpo que gemía, contraído, en el suelo.
El contenido de un frasco de cristal cuyo tapón rodó hasta una de las esquinas del cuarto de baño había deleitado por un momento la mente de Charlie, y esta, reflejada en el espejo hacía tan solo unos minutos consagró, como un fantasma, su liberación.
Los ojos de la Señora Parker no dejaron de mirarle durante un rato. Sus manos apretaban el delantal a rayas que circundaba sus delgadas caderas.
Finalmente levantó la vista diciendo:
“ Que imbecil, ahora tendré que llamar a la ambulancia “.
Hugh Lygon
"La languidez de la juventud, única y quintaesenciada...
¡Qué pronto se pierde para siempre! Todos los demás atributos tradicionales de la juventud: el entusiasmo, los afectos generosos, las ilusiones, la desesperación -todos menos ése-, aparecen y desaparecen a lo largo de la vida. Forman parte de la vida misma. Pero la languidez, la relajación de los músculos todavía no agotados, la mente que busca la soledad y se entrega a la introspección, sólo pertenecen a la juventud y con ella mueren. Es posible que en las mansiones del Limbo los héroes disfruten compensaciones semejantes por haber perdido la Visión Beatífica; también es posible que dicha Visión tenga cierta afinidad remota con esa experiencia terrenal.
EVELYN WAUGH
IDIOTAS ROMANTICOS
¿ Por qué las mujeres actúan como lo hacen ?.
En algún momento todos los hombres reflexionan sobre esta cuestión, se dan por vencidos y deciden concentrarse en algo mas simple como la física cuántica.
Rich Orloff escribió joyas como esta, frases que recuerdan al mejor Woody Allen o al mismísimo Groucho Marx. Reflexiones en torno a las relaciones hombre- mujer envueltas en papel brillante de regalo. Porque brillante es la interpretación de estos cuentos cortos especialidad del escritor Neoyorquino de adopción que pude ver en el teatro Arenal de Madrid el pasado Viernes.
RODRIGO CHICLANA y LUCÍA FRANCO, actores y directores del espectáculo nos preguntan y contestan, con diálogos frescos y sintonía envidiable, “¿Qué quieren los hombres? ¿Qué quieren las mujeres?” . Diferentes estilos, percepciones y matices del ser humano interpretados con soltura y a veces maestría, obligan, tarde o temprano, a ver el reflejo de nuestras almas en el escenario.
Sin duda una propuesta interesante, una invitación a la risa y la mejor antesala para disfrutar del fin de semana.
Rich Orloff escribió joyas como esta, frases que recuerdan al mejor Woody Allen o al mismísimo Groucho Marx. Reflexiones en torno a las relaciones hombre- mujer envueltas en papel brillante de regalo. Porque brillante es la interpretación de estos cuentos cortos especialidad del escritor Neoyorquino de adopción que pude ver en el teatro Arenal de Madrid el pasado Viernes.
RODRIGO CHICLANA y LUCÍA FRANCO, actores y directores del espectáculo nos preguntan y contestan, con diálogos frescos y sintonía envidiable, “¿Qué quieren los hombres? ¿Qué quieren las mujeres?” . Diferentes estilos, percepciones y matices del ser humano interpretados con soltura y a veces maestría, obligan, tarde o temprano, a ver el reflejo de nuestras almas en el escenario.
Sin duda una propuesta interesante, una invitación a la risa y la mejor antesala para disfrutar del fin de semana.
IDIOTAS ROMÁNTICOS - CAFE DEL TEATRO ARENAL, Madrid
CALLE MAYOR, 6, 1
CIRCULO DE SANTOS
No hay escusas para perderse esta alentadora e inquietante obra, en la que los personajes nos desvelan con susurros al oído turbadoras confidencias.

DIRECCION: Gina Piccirilli
ELENCO:
Sandra: Cristina Rodríguez
Jaime: Josean Boada
Edurne: Sharay Fernández
Chema: Pedro Lozano
SALA ARTESPACIO PLOTPOINT
C/ Ercilla, 29, 28000 - Madrid
compra tu entrada : http://www.entradas.com/entradas/evento.do?idEvento=204868&entidad=1
El último
Desde el fondo del local abarrotado se distinguían claramente las luces del escenario .
Sobre este, en neon, se podía leer GALILEO GALILEI
A las doce menos cuarto de la noche del 22 de Junio de 1999, el grupo , entre un ensordecedor bullicio, comenzó a tocar los primeros acordes de su último concierto.
Su último paseo por las nubes… tripulando barcos por el mar de nuestros lábios. De los mios, aquella noche salieron palabras de desencanto mientras mis ojos confundidos miraban bajo las luces de neon.
JM.G.
Dejo escrito las palabras de un buen amigo. Hermoso pensamiento.
Quizá, tras la felicidad, sólo existe una búsqueda intensa de la belleza en forma de palabra, melodía, imagen, rasgo, carácter o cualquiera de esas múltiples sensaciones que la inteligencia nos descubre detrás de cada
iluminación de la materia -y de la vida- . Buscar y descubrir. La ascensión nos lleva a Van Dyck, Valente, Rodríguez y a Richard Strauss o Anton Bruckner. En cada uno de sus gestos late la vida (la verdad).
22 de julio de 2010.
Quizá, tras la felicidad, sólo existe una búsqueda intensa de la belleza en forma de palabra, melodía, imagen, rasgo, carácter o cualquiera de esas múltiples sensaciones que la inteligencia nos descubre detrás de cada
iluminación de la materia -y de la vida- . Buscar y descubrir. La ascensión nos lleva a Van Dyck, Valente, Rodríguez y a Richard Strauss o Anton Bruckner. En cada uno de sus gestos late la vida (la verdad).
22 de julio de 2010.
Un restaurante llamado tartan
Cuando nos sentamos a la mesa y levantamos la servilleta para deslizarla y posarla sobre nuestra pierna derecha, lo primero que nos viene a la cabeza son las palabras que se han escuchado generación tras generación y como si de una ceremonia se tratase todos hemos pronunciado:
.- ¿Qué hay de cenar mama?
Y es que en Tartán, sentarse a la mesa, es sentarse en casa a cenar.
El primer requisito para disfrutar, aconsejo, es dejarse seducir por el ambiente, el decorado, el exquisito recibimiento, y la cerveza fría.
Una vez pasado el primer trámite en el que husmeamos el entorno, el vestuario de los camareros y las plantas que decoran las desiguales mesas, un reconfortante cojín, que acomoda nuestra espalda, nos invita a indagar en una rigurosa, cuidada y optimista carta que no especula con el buen hacer ni con la calidad, según pude comprobar al final de la velada.
Pero no debemos preocuparnos en exceso, aconsejo nuevamente, por la elección del menú. Dejemos las cavilaciones y combinaciones proteínicas aparte y optemos por el festín culinario que el Magnífico Chef Javier Muñoz Calero, con experta sutileza haya preparado ese día como menú. Y si así elegimos, la comida sobre la mesa en curiosas y originales fuentes de servicio se irán desplegando sobre el tartán como un singular ejercito gastronómico.
Un excelente vino, la compañía que prefiramos y un cremoso helado donde hundir, como decía Audrey Hepburn, la cuchara hasta las yemas de los dedos, será el final de una noche inolvidable.
Felicidades Javi.
.- ¿Qué hay de cenar mama?
Y es que en Tartán, sentarse a la mesa, es sentarse en casa a cenar.
El primer requisito para disfrutar, aconsejo, es dejarse seducir por el ambiente, el decorado, el exquisito recibimiento, y la cerveza fría.
Una vez pasado el primer trámite en el que husmeamos el entorno, el vestuario de los camareros y las plantas que decoran las desiguales mesas, un reconfortante cojín, que acomoda nuestra espalda, nos invita a indagar en una rigurosa, cuidada y optimista carta que no especula con el buen hacer ni con la calidad, según pude comprobar al final de la velada.
Pero no debemos preocuparnos en exceso, aconsejo nuevamente, por la elección del menú. Dejemos las cavilaciones y combinaciones proteínicas aparte y optemos por el festín culinario que el Magnífico Chef Javier Muñoz Calero, con experta sutileza haya preparado ese día como menú. Y si así elegimos, la comida sobre la mesa en curiosas y originales fuentes de servicio se irán desplegando sobre el tartán como un singular ejercito gastronómico.
Un excelente vino, la compañía que prefiramos y un cremoso helado donde hundir, como decía Audrey Hepburn, la cuchara hasta las yemas de los dedos, será el final de una noche inolvidable.
Felicidades Javi.
(vm)

Calle del General Pardiñas, 56
28001 Madrid
914 027 689
Imágenes
Hay una evidente diferencia entre el cine y la pintura.
La imagen pintada transforma la ausencia y nos trae el pasado en el momento que la miramos haciéndolo presente. La pintura nos trae a casa el mundo estático. Nos rodeamos de este y vivimos con el.
El cine transforma lo real y nos trae el presente en el presente.
Sin embargo cine y pintura conviven frente a nosotros y en nosotros modelando el pasado con imágenes estáticas o imágenes en movimiento.
Diferentes estéticas, diferentes formas de contemplar
Recuerdo varias películas donde la pintura nos descubre, a poco que miremos las paredes como son los personajes. Robert Clatworthy y Frank Tuttle hacen un espléndido trabajo con el decorado de “Adivina quien viene esta noche “, las maravillosas pinturas que se muestran en casa de los Drayton observa un delicado trato al buen gusto. Los cuadros embellecen y da vida a muchos de los diálogos aun siendo imágenes estáticas
En la película “ El hombre lobo “ recientemente estrenada, las pinturas que decoran, diría que obsesivamente las paredes de la vieja mansión, nos acompañan casi con perturbadores susurros mientras los protagonistas recorren los pasillos oscurecidos por recuerdos enmarcados en maderas nobles que cuelgan de paredes carcomidas.
La imagen pintada transforma la ausencia y nos trae el pasado en el momento que la miramos haciéndolo presente. La pintura nos trae a casa el mundo estático. Nos rodeamos de este y vivimos con el.
El cine transforma lo real y nos trae el presente en el presente.
Sin embargo cine y pintura conviven frente a nosotros y en nosotros modelando el pasado con imágenes estáticas o imágenes en movimiento.
Diferentes estéticas, diferentes formas de contemplar
Recuerdo varias películas donde la pintura nos descubre, a poco que miremos las paredes como son los personajes. Robert Clatworthy y Frank Tuttle hacen un espléndido trabajo con el decorado de “Adivina quien viene esta noche “, las maravillosas pinturas que se muestran en casa de los Drayton observa un delicado trato al buen gusto. Los cuadros embellecen y da vida a muchos de los diálogos aun siendo imágenes estáticas
En la película “ El hombre lobo “ recientemente estrenada, las pinturas que decoran, diría que obsesivamente las paredes de la vieja mansión, nos acompañan casi con perturbadores susurros mientras los protagonistas recorren los pasillos oscurecidos por recuerdos enmarcados en maderas nobles que cuelgan de paredes carcomidas.
Las pinturas guardan el mundo y colecciona sus imágenes sin vida.
Charles entra en su habitación y retira una pintura, que apoyada sobre la chimenea de su dormitorio, representa un bodegón de flores mientras comenta a su mayordomo “Aquí huele a muerte”.
¿ Está tan muerta la imagen en la pintura ?

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...pieza clave de la colección del Museo Thyssen que ahora se muestra en sus salas de exposiciones temporales junto a obras de otros grandes maestros del Quattrocento. Una "obra maestra absoluta dentro de la producción Ghirlandaio que refleja de manera perfecta y hermosísima los ideales renacentistas del último cuarto del siglo XV.
Un paseo.
Agradable paseo por Madrid.
Una sugestiva hilera de pequeñas casetas colmadas de libros que son observados, muchos de ellos incluso acariciados levemente por personas anónimas, seducen cada paso que doy.
Los libros expuestos ,que tratan de persuadir, quietos, cerrados, vivos, nuestra atención me fascinan cada día. Observar y mirar la obra expuesta alienta mi vida.
Deambulo y descubro, perplejo por su proximidad a LOS ESCRITORES.
Una sugerente entrevista al Sr. Leguina que hizo D. Carlos Herrera en su programa radiofónico me viene a la cabeza cuando me acerco a una caseta donde aquel, perfectamente afeitado y con un aspecto espléndido asoma medio cuerpo tras una muralla de libros.
.- “ ¿ Debo pagar antes o primero me firma? ", pregunto.
Leguina me mira y se rie.
Me gusta la experiencia, tres casetas y una maquina de coca colas más lejos
me atrevo con Clara Sánchez.
Me acerco a Javier Marias y le miro fijamente a los ojos cuando le expreso torpemente mi admiración.
Ahora pienso que me hubiera gustado recordarle la portada de ABC del 22 DE Junio de 1985.
Otro año será. Lo prometo.
(vm)

Una sugestiva hilera de pequeñas casetas colmadas de libros que son observados, muchos de ellos incluso acariciados levemente por personas anónimas, seducen cada paso que doy.
Los libros expuestos ,que tratan de persuadir, quietos, cerrados, vivos, nuestra atención me fascinan cada día. Observar y mirar la obra expuesta alienta mi vida.
Deambulo y descubro, perplejo por su proximidad a LOS ESCRITORES.
Una sugerente entrevista al Sr. Leguina que hizo D. Carlos Herrera en su programa radiofónico me viene a la cabeza cuando me acerco a una caseta donde aquel, perfectamente afeitado y con un aspecto espléndido asoma medio cuerpo tras una muralla de libros.
.- “ ¿ Debo pagar antes o primero me firma? ", pregunto.
Leguina me mira y se rie.
Me gusta la experiencia, tres casetas y una maquina de coca colas más lejos
me atrevo con Clara Sánchez.
Me acerco a Javier Marias y le miro fijamente a los ojos cuando le expreso torpemente mi admiración.
Ahora pienso que me hubiera gustado recordarle la portada de ABC del 22 DE Junio de 1985.
Otro año será. Lo prometo.
(vm)

Mercedes.
Una Historia de Filadelfia de 1940 nos recordaba que hubo un poeta chino que se ahogó al querer besar la luna en el río.
En ese mismo instante, la misma luna, solitaria y cercana que quiso atrapar James Stewart con un lazo, iluminó. en Aranjuez, cada nota del maestro Rodrigo mientras decoraba la vida con corcheas.
Y esa misma luna, redonda y palpable aluzó el paso final de Scott Fitzgerald mientras escribía fin en su última página,
Y ella, pudorosa y delicada en el firmamento vió nacer en ese mismo segundo la mano del poeta que describiera la montaña del alma.
La misma luna, paciente y escondida, misteriosa, mágica, media luna, luna nueva, la misma luna, en mayo, que derramó su brillo sobre el río confundiendo al poeta chino meció por primera vez tu rostro.
Y Luego tus pies se posaron, y corrieron pequeñas distancias sobre tierra mojada por el atlántico. Y luego tus brazos, ágiles, siempre veloces rompieron cada molécula de agua verde y azul, y tu cuerpo siempre delfín bajo el sol de Tenerife dejó una estela que contemplan aún, inquietas, las gaviotas en su vuelo.
Y con la luna, la misma luna que ocultó el almendro aquella noche, deshojaste la margarita, y con él, amaste con toda tus fuerzas, y con él tu rostro al aire en velero con lona blanca sonreíste a la vida, y ella, mientras, apagó algunas velas en la noche y tus lágrimas descubrieron, centelleando sobre tu rostro, lugares desconocidos de tu alma.
Pero la luna, ahora, siempre compañera, siempre testigo de tus quiebros, abrazó en su reflejo tu sombra y tu, cobijada junto a ella ,intentas escrutar misteriosos archivos repletos de megas, intentas atrapar voces anónimas que resuenan en didácticas aulas y luego retumban, en la noche oscura, mientras tratas de seducir las horas hasta el alba y con ella la tregua, y con ella el sol, y salvado el escollo amaneces con setenta mayos, con mil besos y con una luna, compañera, amiga, que te meció al nacer.
En ese mismo instante, la misma luna, solitaria y cercana que quiso atrapar James Stewart con un lazo, iluminó. en Aranjuez, cada nota del maestro Rodrigo mientras decoraba la vida con corcheas.
Y esa misma luna, redonda y palpable aluzó el paso final de Scott Fitzgerald mientras escribía fin en su última página,
Y ella, pudorosa y delicada en el firmamento vió nacer en ese mismo segundo la mano del poeta que describiera la montaña del alma.
La misma luna, paciente y escondida, misteriosa, mágica, media luna, luna nueva, la misma luna, en mayo, que derramó su brillo sobre el río confundiendo al poeta chino meció por primera vez tu rostro.
Y Luego tus pies se posaron, y corrieron pequeñas distancias sobre tierra mojada por el atlántico. Y luego tus brazos, ágiles, siempre veloces rompieron cada molécula de agua verde y azul, y tu cuerpo siempre delfín bajo el sol de Tenerife dejó una estela que contemplan aún, inquietas, las gaviotas en su vuelo.
Y con la luna, la misma luna que ocultó el almendro aquella noche, deshojaste la margarita, y con él, amaste con toda tus fuerzas, y con él tu rostro al aire en velero con lona blanca sonreíste a la vida, y ella, mientras, apagó algunas velas en la noche y tus lágrimas descubrieron, centelleando sobre tu rostro, lugares desconocidos de tu alma.
Pero la luna, ahora, siempre compañera, siempre testigo de tus quiebros, abrazó en su reflejo tu sombra y tu, cobijada junto a ella ,intentas escrutar misteriosos archivos repletos de megas, intentas atrapar voces anónimas que resuenan en didácticas aulas y luego retumban, en la noche oscura, mientras tratas de seducir las horas hasta el alba y con ella la tregua, y con ella el sol, y salvado el escollo amaneces con setenta mayos, con mil besos y con una luna, compañera, amiga, que te meció al nacer.
vm
Arriba el telón.
Teatro, obra, adaptador, director, actores, comedia, pasillo, escenario, reparto…mutis, prólogo, climax, desenlace. Todo el teatro junto a Dionísio en esta divertida adaptación de “Fiebre del heno” del Noel Coward.
Dirección: Gina Piccirilli
Martes 22 de junio
Jueves 24 de junio
Sábado 26 de junio
21:30 hs. en Travesía de las Beatas 3 (Gran Via esq. San Bernardo) Madrid.






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